Con las huellas del Viacrucis

15 marzo, 2013 Revista:No. 17 Etiquetas: , , , Autor:hojeadas

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Agencia Reforma

Francisco Javier Rosas con las huellas de los azotes

Francisco Javier Rosas con las huellas de los azotes
Foto: Agencia Reforma

En unos fueron más notorias que en otros las huellas físicas del Calvario, pero en los tres regios que representaron a Cristo el viernes santo del año pasado en los tres principales Viacrucis de Monterrey, la satisfacción superó al cansancio y al dolor: los tres cumplieron su promesa de evangelizar con el ejemplo.

Sanó sus heridas su fuerza espiritual

El costado derecho de su espalda estaba hinchado de las heridas que le dejaron los azotes que recibió.

Un día después de representar a Cristo en el Viacrucis de la Basílica de Guadalupe, Francisco Javier Rosas Venegas aseguró que superó su dolor físico gracias a su fortaleza espiritual.

«Sí sentí dolor, pero también una alegría de haber representado a Dios. Sentí mucha paz y tranquilidad».

Este padre de familia, que se gana la vida como chofer en una empresa de equipos contra incendios, dice que su esfuerzo espiritual no terminó con el Viacrucis, que fue uno de los más crudos de los últimos tiempos.

Vendió periódicos y se ganó el cariño de la gente.

Vendió periódicos y se ganó el cariño de la gente.
Foto: Agencia Reforma

«Esa mañana sonó el despertador y estaba bien adolorido, pero me levanté porque dije: ‘tengo que orar’. Eso para mí era el principio», señala.

Con orgullo mostró un reconocimiento que recibió en octubre de 1995, cuando se coronó como el mejor vendedor del periódico EL SOL.

«Hace años dejé de vender periódicos, pero me quedó el cariño de la gente. La gente de acá me conoce y ahora me saluda. Yo les digo que hagan oración», dice.

«Esto me ha ayudado mucho, le voy a echar ganas para ayudar a la gente que viene de abajo», señaló.

Quedó satisfecho pese al cansancio

Víctor Mexicano Flores fue Cristo dos veces consecutivas.

Víctor Mexicano Flores fue Cristo dos veces consecutivas.
Foto: Agencia Reforma

Los rojos rasguños en su espalda y los moretones que resaltaban en sus bíceps y hombro derecho fueron la muestra del Viacrucis que vivió Víctor Mexicano Flores en el Parque Fundidora el año pasado.

Fue el segundo año que Víctor interpretó a Jesús en el Gran Viacrucis Santa Lucía Fundidora, organizado por la Parroquia Santa Lucía. Sin embargo fue el último año de esta inolvidable experiencia para la que se preparó física y espiritualmente desde 2011.

Se dejó crecer la cabellera, la barba y el bigote por dos años para personificar lo más fielmente posible a Cristo.

‘En cada parada me persignaba’

Gustavo García lo hizo en memoria de su abuelo y por el Señor.

Gustavo García lo hizo en memoria de su abuelo y por el Señor. Foto: El Universal

Su primer viacrucis como Cristo fue más pesado de lo que esperaba, incluso hubo momentos en los que ya no sabía cómo seguir adelante, pero la promesa que le hizo a su abuelo y la certeza de que fue más duro para Jesús, lo impulsó a llegar hasta el final.

Gustavo García, de 18 años, hizo de su Viacrucis un motivo para que su familia se enorgulleciera de él y un ejemplo de fe y fortaleza para la juventud.

«Le hice una promesa a mi abuelo de hacer el viacrucis como Jesús y gracias a Dios que me dio la oportunidad y cumplí con todo mi orgullo, por mi abuelo y para el Señor», expresó el joven de Escobedo.

«Al final vi a mi abuelita, y me abrazó y me dijo: gracias por haber hecho todo esto por tu abuelo».

Durante cinco horas, el Viacrucis de la Parroquia Santa María Goretti , mostró la Pasión y muerte del hijo de Dios, a lo largo de las 14 estaciones que incluyeron momentos como cuando es condenado a morir, cuando carga la cruz y la crucifixión, la parte más dolorosa para Gustavo fue la tercera caída.

«Habíamos ensayado otro tipo de caída pero me ganó el peso de la cruz y fue cuando me cayó en la cara».

Recorrer siete kilómetros con una cruz de 70 kilos terminó siendo más cansado de lo que esperaba, aunque no dejó huellas en su cuerpo, que no registró golpes ni moretones.

«Casi en todo el camino iba haciendo oración, cada parada me persignaba, hacía un Padre Nuestro y un Ave María, y le echaba ganas, y a seguirle», dijo.

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