¡Al agua, babies!

15 abril, 2013 Revista:No. 19 Etiquetas: , , , , Autor:hojeadas

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Agencia Reforma

Desde el momento de la gestación los bebes ya están nadando.

Desde el momento de la gestación los bebes ya están nadando.
Foto: Agencia Reforma

Las temperaturas cálidas y la energía de la primavera invitan a que mamá no lo piense más y se decida a nadar con su bebé. La tendencia actual es que el pequeño ingrese a un programa acuático de estimulación temprana, que contribuya a su desarrollo integral y abarque varios aspectos: físico, social e intelectual.

A la par de las lecciones, la instructora integra canciones y material didáctico para que sea una actividad disfrutable, además de útil en el futuro; que el bebé no sólo aprenda a no ahogarse, sino a vivir en el agua.

Y entre más chicos, mejor, porque desde que nacen hasta los 6 meses controlan de forma natural la respiración en un medio líquido, aunque esta modalidad de estimulación temprana establece que alguno de los padres permanezca con ellos en la alberca, bajo la supervisión de un instructor, para reafirmar la convivencia.

«En realidad nosotros no los enseñamos, desde el momento de la gestación los bebés están nadando», comenta Lulú Cisneros, instructora con más de 30 años de experiencia en esta disciplina.

El pediatra Sergio Quiroga coincide en que cualquier tipo de ejercicio en el bebé es benéfico, y si es natación debe estar siempre acompañado de mamá o papá para que no sienta miedo, aunque él recomienda que el entrenamiento comience a partir de los 9 meses.

 «A veces el niño se puede angustiar al tragar agua, además se expone al cloro, por eso es mejor que esté un poco más grandecito.

«Sí tiene reflejos para nadar por instinto, pero no conviene presionarlo», añade. «A veces el niño se puede angustiar al tragar agua, además se expone al cloro, por eso es mejor que esté un poco más grandecito.

«En verano hay que insistir en tener mucho cuidado en las albercas. Habrá lugares que ofrecen opciones de clases para nadar, pero a veces se descuidan y ha habido accidentes. También, vigilar que estén en buenas condiciones de higiene», advierte.

Desde hace aproximadamente 25 años, la natación para bebés se presenta de forma estructurada y como complemento para los programas de desarrollo infantil, y su práctica se ha popularizado en Rusia, Alemania, Francia, Australia, Estados Unidos y México, entre otros países.

Los pediatras opinan que es mejor empezar a los 9 meses de edad.

Los pediatras opinan que es mejor empezar a los 9 meses de edad.
Foto: Agencia Reforma

Sus primeros maestros: papá y mamá

Desde los 2 meses, los niños empiezan a dar señales de ser nadadores natos en la bañera y sus papás son sus primeros maestros.

«La clase también es con ellos», señala la directora de la escuela Lulú Cisneros Educación Acuática, una de las pioneras en México en el programa de estimulación temprana.

«Lo que buscamos es que sean los primeros transmisores de la vivencia acuática, porque es continuar la relación afectiva que se forma en los nueve meses de gestación, y que empiecen a conocer las capacidades de sus hijos y a darles libertad».

Se sugiere que ese acompañamiento sea continuo, desde que nacen hasta los 3 años, para que luego pasen a otro grupo y aprendan las técnicas de natación, como respiración, patadas y flotación, entre otras.

«En los primeros 10 años de vida se debe insistir en que continúen nadando, porque al no ser constantes se les olvida», recomienda Cisneros.

Sin miedo

Entre más pequeños aprendan a nadar, menos temor desarrollan al agua.

Sólo que hayan vivido alguna mala experiencia en sus primeros baños, podrían generar cierto miedo. Por ejemplo, si la mamá primeriza se pone nerviosa al asearlos en la bañera.

«También los que tuvieron algún problema en el parto, como sufrimiento fetal o falta de líquido amniótico pueden tener la sensación de que les falta oxígeno y les cuesta trabajo estar debajo del agua, pero a la mayoría les fascina», afirma Cisneros.

Las clases deben ser de media hora dos veces a la semana, que es lo ideal para no cansar a los bebés.

Algunas mamás temen acompañar a sus hijos en la alberca, porque no saben nadar, y aunque no es indispensable ese conocimiento, es la mejor manera de invitarlas a que aprendan.

Las clases deben ser de media hora dos veces a la semana, que es lo ideal para no cansar a los bebés.

Como peces en el agua

La natación es el único ejercicio que el bebé puede hacer por sí mismo desde que nace, y esto le ayuda a que los músculos se ejerciten por la presión del agua sobre su cuerpo.

«Otro de los beneficios es que los pulmones y el corazón se van fortaleciendo con las inmersiones y el resultado es que el sistema inmunológico se activa para que los niños sean más resistentes a las enfermedades respiratorias, contrario a lo que la mayoría piensa de que se van a enfermar si asisten a clases de natación cuando hace frío», detalla Cisneros.

Para evitar un resfriado, la instructora aconseja que en invierno la temperatura de la alberca se regule a 32 grados centígrados y tapar muy bien al pequeño al sacarlo del agua.

Además, hay estudios que demuestran que los niños que empiezan a nadar a temprana edad tienen menos riesgo de sufrir ahogamiento, la segunda causa de muerte accidental en menores de 5 años, no sólo en albercas, sino en bañeras, tina de baño o cualquier espacio mínimo de agua.

«Cuando el bebé se asoma a la tina del trapeador, la cabeza le pesa mucho, ya no puede regresar y empieza a ingerir agua y se ahoga, o en el chapoteadero se queda boca abajo y no tiene la fuerza para pararse», agrega.

El desarrollo integral que logra a través de la natación le permite saber qué hacer en estas situaciones, a diferencia de un menor que no se desenvuelve en el agua y al caer se pone rígido, se va hacia abajo como si lo jalara una piedra.

Para los niños con asma, la natación es lo mejor.

Cisneros indica que para los niños con asma, la natación es lo mejor.

«Un estudio en Rusia ha probado que cuando los niños empiezan a nadar desde muy pequeños se reducen las enfermedades respiratorias en un 75 por ciento; dado que ese país es muy frío, la investigación arrojó que les convenía más pagar clases de natación que ir constantemente al médico».

Entre más pequeños aprendan a nadar, menos temor desarrollan al agua.

Entre más pequeños aprendan a nadar, menos temor desarrollan al agua. Foto Agencia Reforma

En qué beneficia nadar

En lo social, las clases de natación o un programa acuático permiten que los bebés empiecen a tener los primeros compañeros que ellos eligen, y el contacto con otras mamás les ayuda a socializar, previo al jardín de niños.

En el aspecto intelectual, la oxigenación que reciben a través del control de la respiración, hace que estén más despiertos.

«Se expande su comunicación cerebral, porque en los tres primeros años de vida el cerebro realiza casi el 80 por ciento de las conexiones neuronales y al nadar esto se logra con mayor facilidad», explica Cisneros.

La natación mejora el desarrollo motor, por lo que los médicos la aconsejan para aquellos niños que se tardan en caminar o tienen problemas de lenguaje.

En el desarrollo cognitivo también se trabajan los colores, formas y números, para su aprendizaje posterior.

«Quienes tienen síndrome Down o parálisis cerebral, el agua es la mejor recomendación para ejercitarse, e igualmente quienes padecen autismo gozan demasiado aprender a nadar», expresa la instructora.

Quienes padecen autismo gozan demasiado aprender a nadar.

  1. – De acuerdo a la Academia Americana de Pediatría, un menor de 12 años nunca debe estar solo en una alberca.
  2. – Aunque sepa nadar puede sufrir ahogamiento por un calambre o reflejo, así que debe cuidarlo un familiar.
  3. – No hay que forzarlo a nadar, porque si se asusta será difícil que quiera regresar a la alberca.
  4. – Los flotadores más seguros son los de chaleco; nunca usar los de brazos.
  5. – Los niños más grandes no deben tirarse clavados para evitar fractura de cuello.
  6. – Lo ideal es tomar clases de natación temprano y a la sombra, y si hay exposición al sol, usar protector.
  7. – Es importante secar muy bien los oídos de los bebés al salir de la alberca, porque si queda humedad se pueden producir infecciones.
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