Ese niño que llevamos dentro

15 abril, 2013 Revista:No. 19 Etiquetas: , , , , Autor:hojeadas

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El Universal

No pierdas la capacidad de disfrutar las pequeñas cosas.

No pierdas la capacidad de disfrutar las pequeñas cosas.
Foto Agencia Reforma

Los tres tipos de conducta, de acuerdo con el sicólogo Berne, son: el «estado padre» que se manifiesta, fundamentalmente, cuando opinamos, aconsejamos, protegemos y actuamos según la tradición, y siempre que lo hacemos con poder y seguridad.

En cambio, en el «estado adulto» formulamos juicios, analizamos la información, reflexionamos y tomamos decisiones según el criterio de la oportunidad.

Por último, el «estado niño» comprende lo que sentíamos e interpretábamos durante la infancia y la adolescencia e incluye la manera de actuar típica de esa edad. Se muestra con la expresión de las emociones, como alegría y miedo, la fantasía, la intuición, la creatividad, la impulsividad y la curiosidad.

Nuestro espíritu más genuino, el infantil, porque es el más original.

Nuestro espíritu más genuino, el infantil, porque es el más original.
Foto: El Universal

 

En el equilibrio está la clave

Según el siquiatra canadiense, a todos nos agrada rescatar ocasionalmente nuestro espíritu más genuino, el infantil, porque es el más original, el menos condicionado de nuestra personalidad.

Aun así, reconoce, no es fácil hacerlo, porque se considera que un adulto siempre se comportará de una manera «adecuada», respetará las costumbres, aconsejará, protegerá, tomará decisiones, en definitiva, será siempre sensato. En otras palabras, al crecer, nos convertimos en lo que socialmente se considera una persona «hecha y derecha».

Sólo que desde hace siglos se considera, erróneamente, que para alcanzar esa madurez es indispensable comportarse exclusivamente como padre y adulto, arrinconando, o mejor dicho, enterrando, al niño que llevamos dentro.

Según Eric Berne, envidiamos de los niños su espontaneidad, sinceridad y alegría, pero no sabemos rescatar a ese niño interior que nos empeñamos en ocultar, aunque para esa reconquista sea necesario romper algunos esquemas sociales previamente establecidos.

 Jugar por mero placer no por competir ni por ganar sino por reír

Jugar por mero placer no por competir ni por ganar sino por reír Foto: El Universal

Recuperar a nuestro niño interno

El especialista propone formularse las siguientes preguntas, para tomar conciencia del asunto:

¿Cuánto tiempo hace que no te sientes como un niño? ¿Qué queda en ti del pequeño que fuiste hace algunos años? ¿Cuánta inocencia perdura? ¿Conservas la capacidad de sorprenderte, o no?

Según el especialista, las emociones deben ser vividas y el único límite para hacerlo es el respeto a los otros y a nuestro equilibrio personal.

En su opinión, deberíamos redesarrollar la intuición y dar rienda suelta a nuestra creatividad, reír, saltar, correr, imaginar, dibujar, pintar, modelar, cantar, tocar un instrumento, coleccionar, escribir… ¡hay tantas opciones atractivas para el tiempo de ocio!

Sobre todo, recomienda jugar por jugar, por el mero placer del juego en sí mismo, no por competir ni por ganar sino por reír.

Valdría la pena recordar las vivencias que nos hacían felices.

Valdría la pena recordar las vivencias que nos hacían felices. Foto: El Universal

El especialista también aconseja reaprender a pedir, a buscar ayuda, a dejarse proteger y mimar, como lo hacíamos de niños.

¿Te acuerdas.?

Conforme pasa el tiempo y vamos madurando, olvidamos las pequeñas cosas que nos hacían felices en nuestros primeros años. Valdría la pena recordar un poco de aquellos tiempos, de las vivencias que muchos de nosotros compartimos. ¿Jugamos?

En nuestra niñez:

  • Se podían solucionar las cosas cuando se complicaban con un simple. «No ha valido».
  • El peor castigo en la escuela era que te hicieran escribir 100 veces.»No debo.» o que te dejaran sin recreo.
  • Tener mucho dinero significaba que podías comprarte chicharrones a la salida.
  • Siempre había una forma de salvar a todos los amigos. Bastaba con un grito de.»¡Un, dos, tres por mi y por todos mis compañeros».
  • No era raro tener dos o tres mejores amigos.
  • Siempre descubrías tus más ocultas habilidades a la voz de «A que no haces esto»
  • «¡Tonto el último!» era el grito que nos hacía correr como locos, hasta sentir que el corazón se nos salía del pecho.
  • La mayor desilusión era haber sido elegidos últimos para jugar futbol
  • La mayor impaciencia: esperar despierto a los Reyes Magos
  • Una gran emoción: las monedas que dejaba «el ratón de los dientes»
  • Quitarle las ruedas pequeñas a la «bici», significaba un gran paso hacia la madurez..
  • La mayor fantasía: creerte Superman o la Mujer Maravilla y creer que con llevar puesto el traje de uno u otra volaríamos

Si eres capaz de recordar la mayoría de estas cosas, suponemos que tuviste una infancia feliz y pleno que el niño que todos llevamos dentro aún está vivo.

Los niños de hoy tienen hábitos muy distintos para entretenerse.

Los niños de hoy tienen hábitos muy distintos para entretenerse.
Foto: El Universal

¿A qué juegan los niños de hoy?

En estos días, por las calles ya casi no se ven niños, debido a la inseguridad; los chicos de ahora no pueden dar dos pasos sin que sean acompañados por sus papás o algún adulto.

Muchos opinan que los niños de hoy han perdido la capacidad de jugar, ya que cambiaron los patines por eternas tardes sentados, solos, frente al playstation o la televisión.

Indiscutiblemente, los niños de hoy tienen hábitos de juego muy distintos a los de generaciones anteriores. Nacieron sobreestimulados por la presencia de la computación, de la tecnología instalada en todos los ámbitos.

Actualmente, muchos padres se preguntan si sólo la tecnología es capaz de mantener a sus hijos ocupados o si ya no saben entretenerse con juegos tradicionales, como un rompecabezas o una muñeca.

No perder la capacidad de jugar con ingenio creatividad y fantasía.

No perder la capacidad de jugar con ingenio creatividad y fantasía.
Foto: El Universal

Un estudio realizado por la organización Alliance for Childhood (Alianza por la Niñez) en Estados Unidos, plantea que muchos de los juegos con que se divierten los niños de hoy no son benéficos para su desarrollo, porque son muy violentos e incentivadores del consumismo. Además, los sobrestimula y les quita el control sobre sus propios juegos.

El juego en sí debe ser activo, distinto cada día.

Según los expertos, si además de juguetes modernos damos a un niño materiales simples como telas, ropas y cuerdas, él creará mil mundos y desarrollará su fantasía, creatividad e ingenio.

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