¿Será sólo un berrinche?

15 abril, 2013 Revista:No. 19 Etiquetas: , , , Autor:hojeadas

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Agencia Reforma

Los “berrinches se curan” poniendo límites claros

Los “berrinches se curan” poniendo límites claros
Foto: BBC Mundo

Mi hija mayor pasó por los «terribles» dos años y se notó. De ser una bebé tranquila, pasó a los berrinches en el piso. Fuimos con una psicóloga infantil, quien nos explicó el proceso que vivía la niña y la necesidad de ponerle límites más claros. Volvió a ser la de antes.

Con mi hija pequeña no pasó igual. Nunca fue tranquila, al contrario, era muy inquieta, activa. Llegaron los dos años y la etapa «terrible» se presentó. Cumplió tres, cuatro y nada que terminaba. Ella seguía con berrinches. La psicóloga infantil nos recomendó corregir algunas actitudes como padres y le enseñó a tratar de canalizar su enojo.

Entonces, «sabiamente» mi marido y yo decretamos que tenía un carácter fuerte y que era enojona. Llegamos a los seis años. Nuestra pequeña hija fue aumentando en enojo. No pegaba a otros niños, no desobedecía a sus maestros. Simplemente se la pasaba enojada.

Si muestra enojo, rabia o frustración ¡Cuidado!.

Si muestra enojo, rabia o frustración ¡Cuidado!. Foto: El Universal

Nos preocuparon varias cosas: nunca estaba satisfecha, ni con la ropa que se ponía, ni con el dibujo que hacía, ni con el baile que montaba. Terminaba llorando, frustrada.

  • -¡Tengo ganas de pegarle a alguien!- decía mientras agarraba a un muñeco y lo apretaba.
  • -¡No soy lista! Los demás lo hacen mejor que yo- argumentaba.

En la escuela es de las más pequeñas de su grupo y siempre vimos normal que su aprendizaje fuera más lento en relación con sus compañeros.

Primero me di cuenta que no podía aprender correctamente ciertas letras: l, m, n, p. En un momento parecía que ya las dominaba y de pronto, al leer, no las recordaba.

Segundo, se distraía y empezaba a contar historias. Nos recomendaron en la escuela trabajar la concentración, pero en otras actividades no tenía problemas.

Es una niña inteligente, integrada, alegre. Sin embargo, algo no andaba bien.

Problemas visuales, auditivos o psicomotores crean problemas de conducta.

Problemas visuales, auditivos o psicomotores crean problemas de conducta.
Foto: El Universal

Tuvimos una sesión con la directora de la escuela, intercambiamos los avances y problemas que habíamos detectado. Al final, nos recomendó una valoración general con una psicoterapeuta.

El trabajo de la especialista fue una bendición. Tal y como sabíamos, es una niña muy inteligente pero encontró algunos problemas en su percepción, por lo que le hicieron pruebas visuales. En resumen, tiene un problema en el desarrollo de su capacidad visual e inmadurez en la coordinación entre su ojo y su mano. No es que no vea, es que sus ojos no se coordinan adecuadamente. Esta situación generó problemas en su conducta.

Mi hija se daba cuenta de que no podía hacer ciertas cosas igual que los demás, pero al no entender la razón pensaba que «era tonta». Le afectaba al leer, escribir, dibujar ciertas formas, manejar volumen de objetos. Entonces las evitaba. Por eso inventaba historias, para distraer, para esconder que no podía distinguir bien las letras o las figuras.

Se dedicó a desarrollar estrategias de «sobrevivencia» para rescatar un poco su deteriorada autoestima. Ponía toda su inteligencia en intentar cubrir su «falta», que no se dieran cuenta que «no era lista». Intentaba ser la más bonita, la más popular, la que ganaba en deportes, la que bailaba mejor. Siempre en un afán de que la aceptaran.

Afortunadamente, todo puede solucionarse. Ahora está en terapia visual, multisensorial. Lleva dos días y está feliz. Dice que es una escuela padrísima.

No sólo eso. Desde que la psicoterapeuta habló con ella y le explicó qué le pasaba, cómo iba a mejorar, cómo todos la íbamos a ayudar y, sobre todo, que su valor personal no depende de eso, mi niña es otra. Han disminuido muchísimo los episodios de enojo.

La visita a un psicoterapeuta es de gran ayuda.

La visita a un psicoterapeuta es de gran ayuda.
Foto: El Universal

Cada vez que pienso en lo que mi hija sentía, en la frustración, la ira, en el temor de ser descubierta, en su intensa necesidad de llamar la atención, no puedo evitar llorar. ¿Cómo puede una niña de 4 años, de 6 años, sobrellevar esa angustia?

Mi esposo y yo nos sentimos culpables por no darnos cuenta antes, por no escuchar a través de sus actitudes, por creer que así era su carácter.

Pero, como nos indicó la especialista, era complicado detectarlo, porque no presentaba un patrón de atraso significativo en todas las áreas.

Por eso me atreví a escribir sobre el tema. Porque ningún niño debería sentirse mal. Porque tal vez haya muchos niños a los que sus papás o amigos etiquetan como «de carácter fuerte» o «enojones» y en realidad no pueden y no saben manejar la frustración por algo que les afecta.

Etiquetan como «de carácter fuerte» o «enojones» y en realidad no pueden y no saben manejar la frustración por algo que les afecta.

Puede ser que requieran una terapia visual, lentes o que sea algo físico que afecte su conducta. Puede ser algo emocional, que no se sienten escuchados, comprendidos.

No siempre son hiperactivos o tienen déficit de atención, como está de moda decir. No siempre los padres los maleducan. Es una señal y urge que la escuchemos.

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