Lo que siembras, cosechas

26 julio, 2012 Revista:No. 2 Etiquetas: , , Autor:hojeadas

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Agencia El Universal

Existe una ley operante detrás de todo… la Ley de acción y reacción o, de causa y efecto o simplemente Karma. El Karma es el destino, pero… recuerda que tú eres responsable de tus acciones y entonces de tu destino:. Walkiria Palmier

El cambio es la única constante en el universo que de manera natural, sin avisar, impone; recuerda que al igual que la energía nada se crea, todo se transforma.

En nuestro planeta las estaciones pasan de una a otra, son un suave movimiento que se repite, que hace saber las posibilidades y las opciones más adecuadas en esa parte del año. En primavera se renace, surge el advenimiento de una nueva generación de algunos seres vivientes, plantas, animales; en el verano todo es éxtasis, generación de alternativas a borbotones, plenitud. En el otoño percibimos que las hojas de los árboles cambian de color, algunas caen; el invierno se muestra como el cierre del ciclo de la vida, momento de recapitular, de ver las cosas con una profundidad distinta.

Así como el planeta es la vida misma, tal y como el árbol renueva sus hojas, el momento de la reflexión nos lleva necesariamente a la observación de nuestra personal cosecha; nacerán nuevas hojas, nuevos y distintos proyectos, con la frescura en la mano analicemos nuestras intenciones y metas posibles.

“Lo que siembras, cosechas”, enseña la Biblia. Sócrates llamó a esta acción “la ley de causa y efecto”; Newton, en su tercera ley de Física, señala que “a toda acción corresponde una reacción de igual magnitud, pero en sentido inverso”, con esto podemos darnos cuenta que en diferentes épocas, todo es lo mismo.

Precisamos dejar de lado las cosas desagradables, sin olvidar quedarnos con la experiencia; ya que las que nos causaron penas, las que significaron un obstáculo para alcanzar el éxito también dejaron enseñanzas, experiencias y la tranquilidad de haber tomado una opción y asumir su realidad.

Aprender de nuestra caída permite continuar el camino con paso firme, mirar las cosas de forma distinta, ser más sabio.

Quien logra esto se hace dueño de una cualidad vital: la actitud; experimenta la ocasión tanto de ser feliz en las circunstancias prósperas que lo motiven o bien siendo cauto e inteligente ante las contrarias, las adversas. En cualquiera de las 2 alternativas existe el regocijo, el que tiene que pasar por encima de la tristeza, el que pese a todo nunca deja de lado a la maravillosa esperanza.

Comúnmente se comete el gran error de trivializar y reducir nuestro impacto en el universo pensando que una buena actitud permite lograr casi cualquier cosa que se desee, creer que basta con el hecho de concentrarse y pensar positivamente es suficiente para lograr éxito y objetivos; es totalmente falso.

La actitud mental positiva no hace milagros pero amplia la visión, acarrea un sin número de alternativas que permiten la consecución de mejores resultados, superior en todo momento a la contraria, la negativa.

Aprovechar al máximo el potencial con el que cuentas y utilizar con eficacia y eficiencia las habilidades con las que contamos son un resultado de la actitud positiva, pasa por encima de eventos incontrolables que tienden siempre a ser obstáculos de nuestros planes.

Si bien es claro que recibiremos lo que hayamos sembrado precisamos evitar el engaño: la cosecha es absolutamente dependiente de la siembra.

Persistir en hacer el bien, nunca darnos por vencidos, admitir los tiempos inexorables de las cosas permite que experimentes un gozo incuestionable con lo que se recoge.

La magia y la palabra son fáciles, la diferencia radica en el trabajo y en la seguridad de objetivos

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