¿Y ahora? De Primaria a Secundaria

26 julio, 2012 Revista:No. 2 Etiquetas: , , , Autor:hojeadas

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Agencia Reforma

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¿Y ahora? De Primaria a Secundaria

La transición de los hijos de la primaria a la secundaria no tiene que ser un dolor de cabeza para los papás si se acompaña de comunicación y acercamiento, como sugieren algunos especialistas.

Estar al tanto del proceso de adaptación que viven los adolescentes al iniciar sus clases en la secundaria y aprender a darles un espacio para que brinden sus opiniones durante su entrada a la adolescencia, es lo mejor que se puede hacer.

Es aconsejable que como papá se conozca la nueva escuela de su hijo.

Es aconsejable que como papá se conozca la nueva escuela de su hijo.

María Guadalupe Covarrubias de la Torre, del Centro de Servicio de Psicología Clínica para Niños del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), mencionó que normalmente los maestros de sexto de primaria les explican a sus alumnos el cambio que tendrán que enfrentar en la secundaria, pero también es aconsejable que como papá se conozca la nueva escuela de su hijo.

Acostumbrados a ser atendidos por un sólo maestro o a lo mucho dos, los niños conocerán a un nuevo docente por cada materia, lo que en ocasiones les causa nerviosismo o dificultad de adaptación.

Covarrubias de la Torre subrayó que es muy importante que se aclaren posibles mitos sobre lo que será la convivencia en la secundaria.

Hay que conocer el reglamento, hay que revisarlo junto con los niños

Los papás deben estar muy alertas de cómo percibe su niño la secundaria

Si tu hijo es muy nervioso, estas historias pueden afectar su estado emocional, la relación con compañeros y papás, y hasta su rendimiento en la escuela.

“Los papás deben estar muy alertas de cómo percibe su niño la secundaria, deben conocer la realidad de las historias de la escuela, la disciplina y las autoridades, hay que conocer el reglamento, hay que revisarlo junto con los niños para que el niño sepa a qué autoridades se va a enfrentar”, indicó la investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Julio César Vega Miranda, coordinador de la Escuela para Padres del CUCS , explicó que al entrar a la adolescencia, padres e hijos entran a una etapa de antagonismo que es natural porque los menores quieren ser más independientes, pero al mismo tiempo los papás tienen que estar al pendiente de ellos.

Los papás tendríamos que estar como muy tranquilitos

Los papás tendríamos que estar como muy tranquilitos

“Hay que aprender a compartir también con ellos, pero que ellos también nos den a nosotros ese espacio para dar una opinión. Si nosotros los escuchamos, podemos pedir a cambio que ellos nos escuchen”, sugirió Vega Miranda.

“Los papás tendríamos que estar como muy tranquilitos, observarlo mucho, ver si tiene algún cambio de comportamiento drástico, es decir, si era alegre, que se empiece a deprimir o que no quiera salir o que se ponga medio enojado o que más rebelde, eso hay que tenerlo en cuenta”.

El crecimiento físico que les exige más horas de sueño, la elección de amistades, el despertar a la vida amorosa y a la sexualidad, así como el posible contacto con las adicciones, son otros de los cambios y procesos de los que deberá estar al tanto.

“Los papás tendríamos que estar como muy tranquilitos, observarlo mucho, ver si tiene algún cambio de comportamiento drástico, es decir, si era alegre, que se empiece a deprimir o que no quiera salir o que se ponga medio enojado o que más rebelde, eso hay que tenerlo en cuenta”.

José Luis San Fabián, en su artículo: “Coordinación entre Primaria y Secundaria. ¡Ojo al escalón!”, menciona que gran parte de la dificultad para los estudiantes que inician la educación media radica en la acumulación de exigencias y en “tratarlo en junio como un niño y esperar que en septiembre se comporte como un adolescente”.

El primer cambio es experimentar la separación de los padres, iniciar la socialización y desarrollo de la identidad.

“En la escuela comienzan a requerirse nuevas habilidades que antes eran para ellos desconocidas, como capacidad de procesamiento de información, atención autónoma y selectiva, control voluntario, planificación y solución de problemas”, comenta Raquel Montes, psicóloga con especialidad en terapia familiar.

Los padres deben tener cuidado de no soltar la comunicación

Ayúdalo a subir

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Para facilitar la transición y amortiguar el cambio que está a punto de experimentar tu hijo es recomendable enfatizar sobre el aprendizaje, crecimiento y nuevas oportunidades que le traerá estudiar en secundaria así como hablar con él de sus intereses y expectativas.

Además, cuida la información que reciba de medios informales, como los amigos, porque pueden predisponerlo con mitos sobre lo que le espera.

“Los padres deben tener cuidado de no soltar la comunicación. Los chicos deben sentirse vistos y saber que siguen al pendiente de ellos.

El acompañamiento amoroso es primordial en esta etapa

Lo que viene

“El acompañamiento amoroso es primordial en esta etapa, así que no hay que olvidar abrazarlos, mirarlos a los ojos y rescatar lo valioso de sus logros sin atender sólo a los fracasos”, dice la especialista.

Lo que viene

Sin que parezca suficiente el hecho de enfrentar la pubertad y cambiar la perspectiva de la vida, entre las paredes de la nueva institución aguardan los cambios más aterradores de la historia, aunque en realidad no sean más que parte del proceso natural que implica crecer. Así es que, entre las cosas que tu hijo encontrará están:

  • Un clima institucional nuevo, que incluye desde el edificio hasta las personas, reglas y metodologías.
  • Mayores exigencias como: responsabilidad, autonomía, planificación y organización.
  • Diferentes ritmos, contenidos y más carga de trabajo.
  • Diversidad de asignaturas y profesores con distintos estilos docentes.
  • Círculos diferenciados de alumnos que despiertan el sentido de pertenencia a un grupo.
  • Una organización más burocrática que incluye menor contacto con los padres.
  • Dejar atrás a una maestra, para toparse con una diversidad de profesores, es quizá la primera fuerte impresión de quienes terminan su educación primaria.
Mirarlos a los ojos y rescatar lo valioso de sus logros sin atender sólo a los fracasos

No hay que olvidar abrazarlos

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