Al cirujano plástico o al psiquiatra?

15 agosto, 2013 Revista:No. 27 Etiquetas: , , , Autor:hojeadas

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EL Universal

Aferrarse a este tipo de intervenciones manifiesta problemas emocionales

Aferrarse a este tipo de intervenciones manifiesta problemas emocionales
Foto: Agencia Reforma

Tratar de obligar al médico para que realice una cirugía plástica innecesaria o someterse a tantos estiramientos de rostro que ya ni se puedan cerrar los ojos, definitivamente no son conductas sanas.

Someterse a tantos estiramientos de rostro que ya ni se puedan cerrar los ojos, definitivamente no son conductas sanas.

Quienes se aferran a este tipo de intervenciones, lejos de buscar una solución estética, manifiestan problemas emocionales, la mayoría relacionada con depresión.

«Cuando una persona está deprimida ya no se trata de una cuestión psicológica, sino médica», advierte el psiquiatra Francisco Brandi Rigal.

La depresión no desaparecerá con una operación estética, al contrario, aumentarán sus sentimientos de culpabilidad e inconformidad. El paciente continuará con su proceso depresivo mientras no reciba un tratamiento médico.

«Las cirugías estéticas no están hechas para mejorar una autoestima baja cuando es producto de la depresión», manifiesta.

Es cierto que están encaminadas a embellecer el aspecto físico de las personas, pero no a solucionar problemas emocionales.

«Estos pacientes tratan de satisfacer necesidades emocionales arreglando su exterior constantemente», explica el especialista.

Sin embargo, cada vez se sienten más vacíos porque recurren a soluciones externas que no fortalecen sus procesos emocionales.

El médico es responsable de decir si realmente es candidato a cirugía.

El médico es responsable de decir si realmente es candidato a cirugía. Foto: El Universal

¿La necesitas?

«Primero que nada está la salud del paciente», advierte por su parte el cirujano plástico Héctor Ramírez López.

«Uno como especialista tiene la responsabilidad de decirle si realmente es candidato a una cirugía o no».

Y no sólo a quienes constantemente recurren a las cirugías, también a los que nunca se han sometido a una.

A lo largo de 20 años de experiencia, Ramírez comparte que ha recibido pacientes que desean una cirugía para mejorar su estado de ánimo, después de que el esposo las dejó por una mujer 10 o 20 años más joven que ellas.

«Traen el ánimo por los suelos, ellas están a merced de lo que yo les diga, pero no es momento de hacerles nada, no están preparadas para una cirugía», manifiesta el cirujano plástico.

«Yo les sugiero que primero atiendan su problema y luego, cuando mejoren su autoestima, regresen para evaluar si realmente necesitan una operación».

En ocasiones, las pacientes agradecen no haber sido operadas en ese momento porque después reconocen que más que una cirugía necesitaban alguien que las escuchara.

«Nuestra función principal es proteger al paciente de sí mismo», comparte Rodríguez.

Antes de cualquier cirugía plástica se realizan una serie de estudios clínicos para comprobar el estado de salud del paciente. En caso de que la paciente esté sana, pero desee otra cirugía, entonces es necesario poner en la balanza el porcentaje de mejoría que obtendrá.

«Por ejemplo, si desea una cirugía que tomará cinco horas de quirófano y tardará más de dos semanas en recuperación para obtener sólo un 10 por ciento de mejoría, definitivamente no hay correspondencia entre el efecto de la cirugía con el beneficio que obtendrá a futuro», explica el cirujano plástico, quien comparte que el número de cirugías en una persona no representa riesgo mientras esté sana.

Lo más importante es sugerir cirugías cuando la mejoría realmente valga la pena.

«Lo más importante es sugerir cirugías cuando la mejoría realmente valga la pena e identificar a los pacientes a los que hay que ponerles un alto para que no se hagan daño».

La dismorfofobia es la preocupación excesiva por un defecto real o imaginario.

La dismorfofobia es la preocupación excesiva por un defecto real o imaginario.
Foto: El Universal

Reflejo interior

El hecho de someterse con frecuencia a procedimientos estéticos podría interpretarse como una adicción, pero también puede derivarse de una dismorfofobia, considerada un trastorno en el cual las personas se preocupan de manera excesiva por algún defecto físico, real o imaginado, percibido en alguna parte de su cuerpo o en su imagen general.

«Similar a lo que sucede en problemas de anorexia, sólo que en este caso, al verse al espejo, se observan deformes», menciona Brandi.

El consumo adictivo no sólo se manifiesta en cirugías, también en procedimientos de belleza no quirúrgicos, como lipoesculturas, peeling, aplicaciones de bótox, entre otros.

El consumo adictivo no sólo se manifiesta en cirugías, también en procedimientos de belleza no quirúrgicos, como lipoesculturas, peeling, aplicaciones de bótox, entre otros.

«Las cirugías estéticas mejoran el estado emocional cuando la persona está emocionalmente estable y consciente de las características físicas que desea cambiar, no el de una persona depresiva con trastornos emocionales», señala el psiquiatra, quien recuerda el caso de una paciente que se había sometido a 17 cirugías plásticas y era conocida como «La Muñeca», porque de tantos estiramientos de rostro ya no podía cerrar los párpados.

«Tuvieron que aplicarle contrapeso en los párpados para que al acostarse se le cerraran los ojos y al levantarse se le abrieran, como a las muñecas de antes», explica.

«Ella era una paciente depresiva y con un trastorno histriónico de la personalidad, siempre preocupada por su apariencia física y por ser el centro de atención».

Brandi enfatiza la importancia de identificar señales depresivas o problemas emocionales antes de realizar una cirugía estética.

«Las cirugías estéticas no están hechas para mejorar una autoestima baja cuando es producto de la depresión».

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