El cementerio de los olvidados

26 octubre, 2013 Revista:No. 31 Etiquetas: , , , , Autor:hojeadas

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En los panteones nadie sabe que están ahí y pisotean su sitio.

En los panteones nadie sabe que están ahí y pisotean su sitio. Foto: El Universal

Ni con la muerte les llega el descanso. En esta frontera los muertos desconocidos y sin identificar no tienen un lugar dónde reposar. No hay para ellos una fosa común y su última morada es, en el mejor de los casos, cualquier pasillo del panteón al que son arrojados a un agujero que será tapado y del que no quedará registro. Por eso no descansan, nadie sabe que están ahí y pisotean su sitio.

El elevado costo de la tierra persigue a los fronterizos hasta la muerte y no hay un lugar apartado para la fosa común. Los panteones públicos crecen en desorden, por lo que no se respetan caminos internos.

José Eduardo Flores, cuidador de los llamados Panteones Nacionales, camina por entre las tumbas para explicar dónde quedan las “fosas comunes”.

Meten a los muertitos, en bolsas, en cajas de cartón, por separado.

“Los entierran donde se puede, donde hay un espacio; hacen un hueco y meten a los muertitos, en bolsas, en cajas de cartón, por separado”, explica.

Mientras habla, señala un espacio de 60 centímetros por dos metros, sin una cruz, ni una inscripción que diga que hay alguien enterrado ahí. Sólo saben de ellos los empleados, “muerteros” de la funeraria o del cuidador del panteón. No hay más registro de la ubicación de los cuerpos.

Para enterrarlos llegan los empleados de las funerarias y los meten en las fosas, sin mayor protocolo, sin anotaciones. “Yo tengo que estar abusado dónde los ponen, porque luego me preguntan”, dijo.

Roberto Corrales Flores, cuidador del panteón llamado Reforma, comentó que bajo un árbol de lila hay cinco muertitos, “debajo de la piocha hay otros cuatro, un muchachito que… bueno, murió de sida… ni modo”, dice con tristeza.

Con ese joven hay otras cuatro personas: uno decapitado, una mujer baleada y dos migrantes que murieron en el desierto.

“También estaba la Cruz del Perdón, adonde iban a dejar flores los que no hallan a sus difuntos de muchos lugares, pero ya ni la Cruz del Perdón existe, la tumbaron, sólo hay una capilla en el panteón del Rosario”, afirma

Tras ese acto, sólo en ocasiones los muertos son rescatados por algún pariente que logra identificarlos.

Ya no existe la Cruz del Perdón, adonde iban los que no hallan a sus difuntos.

Ya no existe la Cruz del Perdón, adonde iban los que no hallan a sus difuntos.
Foto: El Universal

Aun entre difuntos hay proscritos
Ciudad Juárez

Nadie los reclamó, nadie les llevará flores, su comida preferida, su bebida o algún recuerdo en estos días en los que todo el país celebra a sus difuntos. Más de 500 cuerpos que fueron asesinados en la frontera durante enfrentamientos de grupos del crimen organizado ocurridos en los últimos cuatro años fueron enterrados en fosas clandestinas que, posiblemente, permanecerán eternamente sin que nadie, ni siquiera las autoridades, se preocupen por ellos. Son los proscritos hasta para los propios muertos.

Los juarenses se apiadan de ellos, y entre la fiesta se dan tiempo para depositarles una flor, un pan de muerto y licor. Además, aseguran que para que sus “almas encuentren el camino” un rezo no está de más. El único que está al pendiente de las fosas comunes, más no de los cadáveres, es don Beto, empleado municipal encargado de limpiar el camposanto y, en estas fechas, es el único que limpia flores artificiales que se roba de otras tumbas y se las deja.

El limpiador a veces se roba una flor para “Los olvidados”.

El limpiador a veces se roba una flor para “Los olvidados”.
Foto: El Universal

“Nadie sabe quiénes son, pero creo que no debieron ser muy buenos en vida, ya para que no se acuerden de ellos en estos días está canijo, ¿pero quién es uno para juzgarlos? Ellos saben el camino que escogieron y por qué. Ya no pueden hacer nada, pero nosotros sí, así que al menos con una flor creo que no se van a sentir tan abandonados.

“Soy el que limpia aquí las tumbas, me encargaron las fosas para hacer más espacio porque dicen que van a traer más cuerpos. Cada que tengo chance me traigo un ramo de otros lugares para ponérselos a todos, porque no alcanzan, y creo que con eso no se van a sentir tan abandonados o solos, así siento menos pena por ellos”, dice el hombre que a sus 10 años como panteonero aún siente pena por los que ni en Día de Muertos los visitan.

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