Animales que cambiaron vidas

1 marzo, 2014 Revista:No. 35 Etiquetas: , , Autor:hojeadas

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Agencia Reforma

Al adoptar una mascota le cambias la vida, pero también cambiará la tuya

Al adoptar una mascota le cambias la vida, pero también cambiará la tuya
Foto: Agencia Reforma

La adopción de animales no es una cultura fuerte en la Ciudad, pues la mayoría quiere comprar una mascota. Sin embargo, conocer estas historias puede inspirarte para adoptar uno de los centenares de animales que no tienen hogar. Al hacerlo no sólo salvarás una vida, sino que podrás cambiar la tuya, como les sucedió a estas personas.

Cariño ciego

Dicen que el amor es ciego. Tal vez por eso el caso de Thelma y Louise, dos gatitas que eran hermanas, es muy especial.

Antes de ser adoptadas por Adhara Talamantes las encontraron en la calle, caminando, agarradas de la cola porque una era totalmente ciega y la otra tenía cataratas que le impedían ver con claridad.

“La que era totalmente ciega era lazarillo de la otra; es bastante difícil que un gato ciego sobreviva en la calle”, dice Adhara, de 32 años.

En enero las adoptó, descubriendo unas gatas sumamente cariñosas y unidas. Además se sorprendió de Thelma, que saltaba y andaba por la casa como si pudiera ver.

“Son como cualquier animalito normal. Sí las tienes que cuidar más, pero como que siento que por lo mismo que tienen una discapacidad de alguna manera tú te apegas mucho emocionalmente a ellas”, expresa la estudiante de veterinaria del CU.

“Es muy importante porque le das la oportunidad a un animalito que con esa discapacidad para nada podría sobrevivir en la calle”.

La hermandad, cariño y atención entre gatitos también existe.

La hermandad, cariño y atención entre gatitos también existe. Foto: El Universal

El lindo escenario de hermandad duró poco tiempo porque al mes a Thelma le fue diagnosticada rinotraqueitis felina, una enfermedad respiratoria muy contagiosa que a veces provoca la muerte.

“Le ocasionó muchas llaguitas en la garganta y ya no quiso comer. Se murió como al mes que las adopté”, cuenta. “Cuando se fue la otra, ésta la extrañaba muchísimo, eran demasiado unidas”.

Louise también padece esa enfermedad, sin embargo, Adhara la está manteniendo con alimentación especial y administrándole defensas para que esté bien controlada.

Además adoptó a Zucarita, una gata que fue encontrada en la basura, y a Duvalina, una minina que perdió los ojos por una infección y que fue hallada en la calle.

“Ella apenas está aprendiendo, toca todo con la cara, poco a poco se va dando cuenta dónde está todo”, relata Adhara.

Contra la timidez, amor

Por el amor de su amo, Melba cambio su carácter.

Por el amor de su amo, Melba cambio su carácter.
Foto: El Universal

Cuando la gente iba dispuesta a adoptar un perro no se percataba de que ahí estaba Melba, una tímida perra color negro que se retiraba ante la presencia de extraños.

Melba fue atropellada cuando era cachorrita. Un joven la recogió, pero como no podía quedársela la entregó a la Fundación Luca, donde se quedó un año y un mes porque nadie se la quería llevar.

Hasta que Ezequiel Elizalde la conoció.

El joven de 29 años había tenido en casa un yorkie, pero su mamá se lo llevó cuando se fue a vivir fuera del País. Durante cuatro meses estuvo sin mascota y al sentir la casa tan sola quiso un perro grande.

“Yo quería comprar un dóberman y una amiga me dice: ‘¿Por qué no checas los perros que tiene Luca? Checa esta perrita’. La vi y dije: ‘Está hermosa'”, cuenta el profesionista.

“Fui, pregunté y me dijeron: ‘Sí, pero no te vayas a agüitar porque no te va a hacer fiesta ni nada’ y dije: ‘No importa'”.

Durante dos semanas y media, Ezequiel iba todos los días a una terraza, donde convivía con ella durante 15 minutos. Un proceso que en días fue frustrante porque a veces le hacía caso, pero después se olvidaba de quién era.

Decidió ponerle una correa y darle vueltas por el patio. Así Melba, a quien le amputaron la cola tras el accidente, aprendió a seguirlo y a tenerle confianza. Era tiempo de ir a casa.

“Para mí fue como ‘vamos a echarle la mano y cambiar la cultura de estar buscando una raza, a menos que seas pastor y sea necesario que tengas un perro que tenga genética de pastor'”, expresa Ezequiel.

“Se me hizo súper tierna y dije: ‘Si me la gano, la tengo en la bolsa y me la gané'”.

Tiene aire de actriz: Ezequiel le “dispara” y ella cae “muerta” en el suelo.

Ahora, dice, es su sombra. En el parque no se va más lejos de cinco metros, le tiene una obediencia envidiable para cualquier otro dueño de mascotas. Incluso tiene aire de actriz: Ezequiel le “dispara” y ella cae “muerta” en el suelo.

“Con otras personas no agarra confianza tan fácil, pero conmigo tengo la confianza de soltarla y hablarle y que venga; es súper tranquilita”, dice orgulloso.

Una familia nueva

La belleza no sólo es la raza, es también la “perronalidad”.

La belleza no sólo es la raza, es también la “perronalidad”.
Foto: El Universal

Cuando Luis Gómez Moncada y Alejandra Manzanares adoptaron su primer perro, no contaron con que esta decisión cambiaría su vida.

Hace tres años adoptaron a Nicolás, un perro que cuando era cachorro fue encontrado en la calle por unos amigos de ellos.

“Estaba abandonado y cuando trataban de agarrarlo se ponía sumiso porque suponemos que tal vez le pegaban”, cuenta Luis, de 33 años.

“Pasaron durante una semana, pero no lo podían agarrar porque se ponía muy nervioso, hasta que un día vieron que iba a llover muy fuerte y lo agarraron”.

Se quedó con sus amigos un año, después Luis y Alejandra lo adoptaron. Al principio le tenía mucho miedo a los extraños, particularmente a los hombres, pero fueron trabajando con su nerviosismo dando caminatas en el parque.

Estos paseos los llevaron a conocer a otro perro: Tutt, que en ese entonces era llamado Solovino, un cachorrito que estaba en un terreno con un velador.

“Le dije al señor: ‘Por qué no me lo prestas para llevarlo a pasear y que no esté solamente en el terreno'”, relata Luis.

“Me lo llevé a pasear como dos o tres veces y luego el señor le platicó a Ale que él era de Saltillo y probablemente se tuviera que ir y no se podía quedar con el perrito. A buena hora le dijimos: ‘Nos lo quedamos'”.

Fue un complemento perfecto para Nicolás porque le ayudó a ser menos nervioso y más sociable con otros perros.

La tercera adopción llegó en Año Nuevo: Muecas, una perrita que nadie quería por no cumplir con los estándares de belleza y que llevaba un año en la Fundación Luca.

Después de estas adopciones, Luis y Alejandra se han interesado más en el animalismo, incluso han cambiado de estilo vida y hasta de casa, con tal de poder tener tres perros grandes.

“A raíz que adoptamos a Nicolás empezamos a adoptar a Tutt, a Muecas y a interesarnos más por el animalismo”, señala Luis.

“Gracias a eso hay ciertas cosas de la vida que van cambiando, como levantarte temprano, que los saques a hacer ejercicio, sirve que tú también haces, y nos hicimos vegetarianos a raíz del amor por los animales”.

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