Cuando una nueva vida se apaga

1 noviembre, 2012 Revista:No. 8 Etiquetas: , , , Autor:hojeadas

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Agencia Reforma

Cuando una nueva vida se apaga

Cuando una nueva vida se apaga. Foto: Agencia Reforma

La llegada de un hijo es una espera ilusionada. Día a día, los padres siguen con asombro su crecimiento en el vientre y cuentan los días para que llene su hogar de alegría.

Y cuando por alguna complicación esto no sucede, es común que broten los sentimientos de culpa, negación y fracaso, sobre todo en la mujer.

Por razones culturales, quizá el padre mantenga un mayor control de sus emociones, o las reprima.

Por razones culturales, quizá el padre mantenga un mayor control de sus emociones, o las reprima.

Aunque la pérdida, por dolorosa que sea, puede fortalecer y hacer crecer a la pareja.

Un proceso difícil

La interrupción de una nueva vida son las infecciones

La interrupción de una nueva vida son las infecciones. Foto: El Universal

Las causas más comunes para la interrupción de una nueva vida son las infecciones, que causan rupturas prematuras de membrana, o que se rompa la fuente como comúnmente se dice.

Otro factor es la edad de la madre, ya sea adolescente o mayor de 35 años.

También que el organismo materno segregue una cantidad excesiva o insuficiente de ciertas hormonas indispensables durante el embarazo, así como alteraciones genéticas del producto.

«Hay que mantener informados a los padres y hablarles con la verdad si el bebé tiene algún riesgo. Es importante que sepan cuáles son sus expectativas, por ejemplo, si padece una cardiopatía congénita, que puede ocasionar que fallezca al nacer», comenta Wilfredo Maltos Valdés, pediatra neonatólogo intensivista.

Lo anterior va a derivar en que estén conscientes del problema y se sientan más tranquilos, porque hicieron todo lo posible por su pequeño.

Cuando el recién nacido tiene pocas expectativas de vida, el experto sugiere involucrar a los papás para que lo conozcan y se despidan de él, porque eso logra reconfortarlos.

«Es un proceso difícil, sobre todo cuando es el primer bebé, por todas las expectativas que se tienen durante el embarazo», reconoce Maltos.

Es un proceso difícil, sobre todo cuando es el primer bebé

Es un proceso difícil, sobre todo cuando es el primer bebé. Foto: El Universal

La psicoterapeuta Maria Elena Fernández explica que en el proceso de duelo que vive la mujer que acaba de perder a su hijo, ya sea recién nacido o durante la gestación, hay primero una etapa de negación al enterarse del hecho.

Posteriormente, se transita hacia el enojo, la ira, la protesta o el reclamo, lo cual es normal en los primeros días.

«La mujer puede llegar a culpar a Dios, al doctor, a otra persona, incluso a sí misma. Luego pasa a una etapa de asimilación, donde acepta que no puede hacer nada al respecto, pero ve con más claridad lo que pasó», detalla la psicoterapeuta.

En esta fase aparece la tristeza, el vacío y el dolor, que pueden desembocar en una amalgama de efectos fisiológicos como el llanto incontenible e impredecible, el cansancio, trastornos de sueño, pérdida de apetito y depresión.

Viene después un periodo de reacomodo, donde los episodios de dolor y los trastornos fisiológicos son menos frecuentes, lo que le permite retornar poco a poco a sus actividades normales.

«Incluso se empieza a pensar en la posibilidad de apostar por un nuevo embarazo», refiere Fernández.

Como no existe un orden para estos ciclos, es común que ella sufra recaídas en su estado emocional, pero si queda atrapada en la etapa de duelo por un periodo prolongado, sin retomar las riendas de su vida, es conveniente buscar ayuda profesional.

¿Cómo ayudar?

¿Cómo ayudar?

¿Cómo ayudar?. Foto: El Universal

En ocasiones, el esposo, los familiares o las amistades cometen el error de decirle a la mujer que no debería sentirse tan mal ni llorar tanto.

En ocasiones, el esposo, los familiares o las amistades cometen el error de decirle a la mujer que no debería sentirse tan mal ni llorar tanto, pero esto resulta contraproducente y dificulta el arranque del proceso para superarlo.

«Habrá algunas que tengan un estilo de expresión emocional intenso y, otras, una manera más reservada de ser. Las personas a su alrededor tienen que ser respetuosas de cada forma y estilo en particular», comenta la especialista.

Para desahogarse es válido que la mujer llore y comparta su experiencia tantas veces como sea necesario, ya que el hecho de transmitirlo en palabras facilita su aceptación.

«Desde el momento en que la madre se da cuenta del embarazo se forma un lazo muy fuerte con el bebé y comienza a preguntarse: ¿cómo cambiará mi vida?, ¿qué apariencia tendrá?, ¿será niño o niña? Nos preparamos para que venga, no para que se vaya,» afirma el psicólogo Gustavo Ibargüengoytia.

El especialista afirma que es importante que la mujer no se encierre en su propio dolor, ni tampoco negarlo, ya que vivir este sentimiento y reconocerlo como tal da pie a que vaya cediendo.

Fernández, por su parte, sugiere acompañar de una manera respetuosa en estos momentos, enfocándose más en escuchar con paciencia y prudencia, además de ofrecer ayudas concretas, como traer la despensa o recoger a los hijos de la escuela.

Con ella coincide Ibargüengoytia, quien dice que si alguien desea ayudar, simplemente con acompañar en silencio es suficiente. También puede dar un abrazo, platicar de cosas cotidianas, porque la vida continúa; promover momentos de oración, relajación o ejercicio físico, porque las descargas intensas de estrés son saludables.

Una oportunidad

Una oportunidad

Una oportunidad. Foto: El Universal

Aunque quizá sea imposible verlo así en un principio, la pérdida de un hijo puede ser motivo para fortalecerse y crecer como pareja.

«De este episodio tan doloroso es válido preguntarse: ¿Qué aprendí de mí? ¿Qué descubrí? Y a partir de esta reflexión, ¿qué cosas puedo incorporar a mi vida?

«En un nivel más cognitivo, esto implica cambios en el pensamiento que van a ayudar a darle un sentido más trascendente a este hecho doloroso», enfatiza Fernández.

También es la oportunidad de que se reafirmen creencias y convicciones religiosas o filosóficas, así como que surja un mayor compromiso social y comunitario, que va facilitando el proceso de autoperdón.

Aunque no haya nacido, la psicoterapeuta comparte que es válido que el bebé tenga un nombre.

Aunque no haya nacido, la psicoterapeuta comparte que es válido que el bebé tenga un nombre, previamente conciliado entre los padres, para que ambos asignen un espacio en su interior que les permita ubicar los sueños y deseos que estaban destinados para su bebé.

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