Un enemigo llamado celos

15 noviembre, 2012 Revista:No. 9 Etiquetas: , , , , Autor:hojeadas

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Agencia Reforma

Hay celos normales y patológicos

Hay celos normales y patológicos Foto: Agencia Reforma

Quien no haya sentido celos alguna vez en su vida que tire la primera piedra. Los celos son una emoción común y normal que no representa peligro, siempre y cuando no esté fuera de control.

El problema es que existen personas «enfermas» de celos que pueden no sólo destruir a la pareja, sino también a sí mismas. Descubre si tus celos son normales o patológicos.

¿Celotípico?

«En la medida en que los celos se alejen más del control del sujeto, en que no pueda hacer nada para evitarlos, en que haya comenzado a manifestar distintos comportamientos dirigidos a comprobar la veracidad de sus pensamientos (espiar, vigilar, revisar las ropas…), en que se mantengan sus ideas de infidelidad a pesar de que no exista ninguna prueba y en que se produzca una interferencia negativa en el desarrollo de sus actividades cotidianas (trabajo, amigos, aficiones) estamos ante un problema de celos patológicos», refiere el libro Celos en la Pareja. Una Emoción Destructiva, de Enrique Echeburúa y Javier Fernández-Montalvo.

De acuerdo con Lucy María Reidl, académica e investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM, la celotipia es un trastorno de la personalidad, según lo establece el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.

«La mayoría de la gente es celosa, no celotípica, pero quienes sí lo son creen que su pareja le es infiel y modifica toda su actitud hacia ésta. Es decir, empiezan a seguirla, a perseguirla, a hablarle todo el tiempo. El trastorno provoca una conducta delirante», precisa.

Origen

Los celos pueden ser aprendidos de padre o madre.

Los celos pueden ser aprendidos de padre o madre. Foto: El Universal

Reidl indica que existe una teoría biológica que explica por qué los humanos son celosos.

«Según esta teoría el macho cela a la hembra porque quiere estar seguro de que quien la sustentará a ella y a sus críos es él, y no otros, en tanto que las hembras celan a los machos porque quieren asegurase de tener los insumos suficientes para que sus crías crezcan y se desarrollen», señala.

Aclara que existen diferentes niveles de celos, pero éstos reflejan en quienes los experimentan falta de confianza e inseguridad, lo cual pudo haberse originado desde la infancia.

«En esta etapa hay personas que pierden algo muy valorado, algo que era necesario para que fueran seguras de sí mismas.

«También puede ser un aprendizaje aprendido en el entorno familiar, donde la madre o el padre eran muy celosos», dice.

Se explican cuando durante la infancia una persona se siente desplazada, ya sea por el padre o un hermano, de la relación amorosa entre ésta y su madre.

Vannesa Nahoul, psicoanalista del Instituto en Investigación en Psicología Clínica y Social, comenta que los celos también se explican cuando durante la infancia una persona se siente desplazada, ya sea por el padre o un hermano, de la relación amorosa entre ésta y su madre.

«Cuando son adultos esto se traslada a la pareja. Cree que otra persona le robará el amor de la pareja, existe constantemente este temor».

De acuerdo con Echeburúa y Fernández-Montalvo, la aparición de unos celos intensos refleja la existencia de una inseguridad personal, así como de un sentimiento de posesión sobre la pareja.

«Existe un temor a perderla en beneficio de un rival, que va en menoscabo del respeto hacia la persona querida. Ser celoso, de ese modo, equivale a mostrar signos de inestabilidad emocional y a confundir el amor con la posesión.

Escriben que durante los episodios de celos se experimenta, invariablemente, miedo a perder la pareja, temor a quedarse solo afectivamente, sentimiento de vergüenza y humillación y pérdida del sentimiento de exclusividad sexual, así como una incertidumbre hacia el futuro.

¿Normales o patológicos?

Tres características delatan los celos patológicos: la ausencia de una causa real desencadenante, la extraña naturaleza de las sospechas y la reacción irracional del sujeto afectado, con una pérdida de control.

Los especialistas indican que no es fácil establecer el límite entre los celos normales y los celos patológicos, pero existen grados.

«Los celos se vuelven anormales cuando son intensos –ataques de celos– y son constantes. Cuando se traspasa la frontera que permite manejarlos y resolverlos».

Tres características delatan los celos patológicos: la ausencia de una causa real desencadenante, la extraña naturaleza de las sospechas y la reacción irracional del sujeto afectado, con una pérdida de control.

«Lo que confiere un carácter patológico a los celos es la intensidad desproporcionada de los mismos, el sufrimiento experimentado por el sujeto y el grado de interferencia grave en la vida cotidiana», refieren los autores de Celos en la Pareja…

Violencia

Los celos patológicos pueden ocasionar violencia.

Los celos patológicos pueden ocasionar violencia. Foto: El Universal

Echeburúa y Fernández-Montalvo mencionan en su libro que las personas afectadas por un problema de celos se sienten muy atormentadas y que los celos patológicos pueden ocasionar crímenes y suicidios.

Las personas suelen pasar de la suspicacia al odio, del odio a la locura y de la locura a la desesperación y a la agresión.

«Pueden constituir una pasión endemoniada que transforma la vida de los amantes en un auténtico infierno, que destruye la pareja y que puede desembocar en violencia. En estos casos las personas suelen pasar de la suspicacia al odio, del odio a la locura y de la locura a la desesperación y a la agresión».

«Son personas que sufren mucho y en un tratamiento psicoterapéutico analítico pueden detectar qué origina sus celos irracionales, además de que pueden aprender a manejarlos y a recuperar su seguridad».

¿Qué son?

Los celos constituyen un sentimiento o una emoción que surge como consecuencia de un exagerado afán de poseer algo de forma exclusiva (me perteneces, soy todo tuyo) y cuya base es la infidelidad -real o imaginaria- de la persona amada. Los patológicos pueden ser:

Los celos pasionales sobrevaloran la fidelidad.

Los celos pasionales sobrevaloran la fidelidad. Foto: El Universal

Pasionales

Surgen de la inseguridad de perder a la persona querida y de la envidia de que ésta pueda ser disfrutada por otra persona. La fidelidad se vive como una idea sobrevalorada, es decir, que ocupa el campo de la conciencia, que la impregna afectivamente y que produce una merma en el rendimiento del resto de las funciones del pensamiento. La ansiedad experimentada, en la medida en que afecta profundamente a la autoestima del sujeto y en que produce obcecación, puede cargarse de agresividad y de violencia.

 

Obsesivos

Son pensamientos, imágenes o impulsos mentales que irrumpen rápidamente en la actividad mental de la persona, de forma involuntaria, y que al ser percibidos como amenazantes y carentes de sentido, provocan una ansiedad y malestar muy grandes. En el caso de los celos obsesivos, la persona es incapaz de rechazar los pensamientos relacionados con la infidelidad de su pareja, a pesar de que no cuenta con ninguna prueba en ese sentido y de que tenga el convencimiento de que no es real.

Delirantes

Los celos delirantes suelen aparecer en cuadros clínicos, como trastorno delirante, alcoholismo, depresión y las alteraciones orgánicas del cerebro, la demencia especialmente.

Constituyen un estado mental de convencimiento erróneo que se crea en una persona a partir de una forma particular de interpretar la realidad externa, que se sostiene con firmeza a pesar de toda la evidencia y argumentación en contra y que tiene un origen patológico. A diferencia de las ideas obsesivas, la persona con ideas delirantes nunca llega a admitir que sus pensamientos pueden no ser ciertos. Por el contrario muestra una firme convicción en la veracidad de sus ideas.

Los celos delirantes suelen aparecer en cuadros clínicos, como trastorno delirante, alcoholismo, depresión y las alteraciones orgánicas del cerebro, la demencia especialmente.

Fuente: Celos en la Pareja. Una Emoción Destructiva, de Enrique Echeburúa y Javier Fernández-Montalvo.

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